M "j i LA NUEVA NA J J (EXPOSICIÓN Y CRÍTICA) POR FÉLIX DE ARAMBURU Y ZULOAGA CATEDRÁTICO DE DBRECHO PENAL DECANO DE LA FACULTAD V VICE-RECTOR DE LA UNIVERSIDAD DE OVIEDO J I. Gênesis de la Kueva Escuela. II. El Delito. III. El Dellncuente. IV.La Pena. V.El Julcio. VI. Apêndices. I i SEVILLA LIBRERlA DE HIJOS DE FÉ Sierpes, niín». lOtMADRID LIBRERÍA DE FERNANDO FÉ Car,San Jerónimo,S. 1887 [1
1 (031 .'.'á ■1 ^ ~Y\^ *!M ) S^S&P' rtí2^ /5__, ^ cj ●í '●> 1 PRÓLOGO Permítaseme que, por particular conveniência mia y como oportuna advertência á los lectores, ponga al frente de este libro unas breves noticias relativas á su formación y á la publicidad que ahora obtiene. Aunque por la profesión que ejerzo me creia obligado á seguir la marcha de la investigación en punto á los importantísimos problemas de la ciência pe nal, no era fácil que me decidiese áhacerun alarde de mis estúdios y de mis opiniones mediante un li bro, á la ocasión en que aquellos problemas son preferente objeto de examen y atraviesan una laboriosa crisis, bastante á poner temores y reparos en espíritus superiores y mejor dispuestos que el mio. Ese diário comercio con la ciência, antes sirve ●I t 4 % Es propiedad. Queda hecho el depósito que marca la ley. 't 'i 4 . _i para arredrar que para dar alientos; y si tantas veel silencio de mi gabinete hube de dolerme ces en '_p ■■ ● ,1 de Ia ligereza con que se escribe sobre árduos asuhtos, de lavacuidad de muchas obras que vanidosa intemperancia dieta, y de la falta de aprension con que suele buscarse el título de autor por el camino ' il de plágios y rapsódias mal encubiertos 'Á no era coj ■ , \'i MADRID 1887.—EsT. Tip. DE Ricardo Fé, Cedaceros. ri II. 1 ._a
1 ● ●V ● VI PRÓLOGO VII PRÓLOGO sa de que en momentos de propia debilidad me dejase caer en tales peligros para sentir á poco la necesidad de ‘ mientos. unir á Ias lamentaciones los remordiacepté la invitación en prueba de mi deseo de cola borar en la realización de un feliz pensamiento; y sin plan definido ni gran esfuerzo de preparación la tolerância de un auditorio amigo, trate de dar á conocer lo que sabia acerca de Ias novisimas direcciones de los estúdios penales. Empecé mi trabajo; la matéria era vasta; la índole de Ias moderinvestigaciones, basadasen prolija observacion, difícil de reducir á los limites de la antigua senten- ■ inultis verbis pança comprchcndas sed paneis ninlrazón directa fiado en nas cia iie : ta (dificultad que siempre Siempre la publicación de un libro me pareció empresa arriesgadísima, digna de ser muy meditada por quien crea que la moralidad labor científica no es ajena á la y estime en algo su buen nombre: atribúyase á pusilanimidad, , te de orgullo, tal como lo siento Pero Ias circunstancias allanaron el á modéstia ó á una suerasí lo digo. que pueden mucho, cammo, ó, por mejor decir, me prepararon la pendiente por donde había de llegar á un termino tan esquivado. En un Circulo a que concurre me niuy buena par de la menor valia dei expositor); y tanto por esto coadvertir que, después de todo, la importanacrece en mo por cia y la novedad de Ias doctrinas, siquiera fuesen defectuosamente enunciadas, impedia que en el ilus trado concurso se manifesta se fatiga ó hastío, lo que pense que lograria decir en un par de noches y en el tiempo ordinário, ocupo cinco sucesivas sesiones y el tiempo prudencial- rebasó á Ias veces con exceso - ovetense, dispusiéronseconte de la culta sociedad I ferencias semanales sobre asuntos de interés general y de oportun.dad reconocida; distinguidos oradores, cuyo nombre ha tospuesto los naturales confines de este hermoso pais, siendo alguno de ellos proSadftriÍ" ''' proTso de o ruidoso conocído _ que se hallaba conociendo el Tribunal perior de justicia de la riDunal provincia ción pública mente convenido. Los plácemes con que se quiso galardonar mi hube de recibirlos á título de amables pruebas atribuirles otra efitarea de amistad, sin que meocurnera la de obligarme á cordial gratitud. No cacia que su- , atrajese la atense creyó que Ia ocasión para que el profesor de Derecho Universidad asturíana tomase á Ias aludidas conferências. Sin animo de emular seguro mas bien de producir ra resaltar el mérito de era á propósito penal de la ilustre a su cargo alguna de a mis dignos antecesores, un contraste que hiciesus aplaudidos di - «í concedí, pues, otro valor á la idea, ya al pronto apuntada, de que debía publicar mis modestas con ferências; pero pasaron los dias y no pasaron Ias excitaciones tocantes á ese supuesto deber, en apoyo convenía difundir Ias no- dei cual se me dijo: scursos. tidas comunicadas por mí á los simpáticos oyentes; sobraban este linaje de publi¬ que que en Espana no
PRÓLOGO IX pesadoen una coiiíerenciaoral, puede ser cabalmen te lo propio y lo que exija desarrollos en un libro, y viceversa. Y si esto eché yo de ver á poco de aco meter mi segunda empresa, )' si aiíado, porque es verdad, que apenas conservaba recuerdo exacto de la interior composición de cada una de mis conferên cias y que me fué preciso en este punto recurrir á Ias sucintas resenas publicadas por la prensa comprenderán mis intermitentes desmayos y mi continua desconfianza (i). No he querido que mi trabajo perdiese el título y el carácter de conferências^ porque esto liabía sido en su origen,y sobre ser gênero de moda,entrana pa tentes ventajas para la propaganda y vulgarización de la ciência; cinco fueron Ias conferências pronun ciadas ante un benévolo auditorio, y otras tantas figurai! en el presente volumen; no he variado el te ma que en cada una desarrollé, ni el desarrollo mismo, ni aun el tono y la elocución en cuanto mi me ios extractos circulados lo permitieron; se mona y VIII PRÓLOGO caciones, porque no andábamos los espanoles tan al cornente como fuera de desear respecto á la marcha dei pensamiento contemporâneo en aplicaciones de tanta trascendencia, ni nuestra literatura jurídicopenal tenía mucho de original, abundante ni pre ciosa que los escasos artículos publicados en Re vistas profesionales con motivo de tal ó cual libr nido de fuera, ni eran ofrecían o vesiempre modelo de crítica ni un cuadro tan completo de Ias novcdadcspo sitivistas como el que de mis discursos resultaba;— y que a cabo, (y aparte de otros argumentos de que hago gracia al lector) yo me encontraba con un tiabajo hecho y sólo restaba la moléstia de ponerlo por escrito. Todo ^ era más cierto que esto último; aprecie cuando, mal vencida mi de nuevos estímulos un editor entendido, y harto lo nii repugnância, tras aportados por el buen deseo de comencé á trasladar al papel lo çiue semanas antes saliera de mis lábios. No es lo mismo hablar a un reducido círculo de nocidas, personas coconcertando de momento l cuantos tuvieron la bondad de escucharme, lo advertirán así al recorrer Ias páginas dei libro; advertirán también, que algo de lo dicho á la sazón cambio, alguna idea tocapero fué omitido aqui; que, en os datos dos en lecturas hechas sin definido perandose en la forma de particulares transitori CO que ni ve ni que escribir para un recogipropósito y atemexposicion á circunstancias da entonces á la ligera fué ampliada visiblemente; que fueron puntualizadas muchas citas y referencias, y que sobre todo. Ias consideraciones críticas á que públinan nn^ circunstancias, ni tiene para que estrmar ciertas cosas en calidad de atenuarnn. ● ‘°’'=''ay hasta apl urrencia q cion ó excusa. Lo de la auue le escucha, puede ser recibido fnamente, y hasta con dureza masa de lectores distribuída binetes; lo que huelga ó basta as y desvio, por la gran en sendos silêncios gaapuntar ó parecería Ias nuevas doctrinas se prestan, recibieron aumento notorio. (1) Véase el Apêndice D.
XI X PROLOGO Nínguna duda me queda respecto á la insignifi cância de aquellos pormenores é incidentes que hube de suprimir, porque el mérito de oportunidad, único que pudieron tener, les faltaria al presente; por el contrario, temo que Ias adiciones y amplificaciones que juzgué conveniente introducir, en vez de avalorar mi obra, la bicieran perder la espontaneidad, la soltura y la proporción primitivas es que jamás tuvo nada de ello. Quizá resulte algo semejante á lo que agudamente expresa el buen Fr. Diego González en su para orador le faltan más de cien, para arador te sobran más de mil; si no conocida paranomasia: PRÓLOGO me negará la bon- más recientes y acreditados, no dad dei propósito de alentar a mis compatriotas pa ra que intervengan con mayores elementos y fuerlos trascendentales problemas que se tratan se zas en en este libro; ni se me negara tampoco el recurso de disculpar mi audacia y de curarme por anticipado dei dolor de Ias censuras, repitiendo unos versos de nuestro Garcilaso que, según la nueva escuela penal, tendrían derecho á repetir los mas grandes delincuenies: «No vine por mis pies á tantos danos: fuerzas de mi destino me trajeron y á la que me atormenta me entregaron.» F. DE Aramburu y Zuloaga y Ias partes de tal obra, vistas como conferências^ p rezcan demasiado largas a- ,recargadas y frias; y coino secciones o capítulos de un libro, demasiado decla matórias y apasionadas, poco precisas, y carentes la copia erudita de nombres, títulos,fechas y núme ros, de ordinário más aparatosaque útil. Si así f^ese,todavia la benevolencia dei lector,invirtieiido leS términos, podría disculpar Ias imperfecciones que se guramente hallará en mitrabajo,recordando en ocael título de conferências que le asigno otras que estas conferências sufrieronme' de recor- siones dando en y OviEDO dificación y arreglo para darias á la estampa. De todas suertes, claro es que no huelgan anteriores noticias; y aunque no me es lícito rehui^ la responsabilidad que me cabe desde que consieU to en sacar a la luz pública mi humilde labor, tea lizada con vista de los libros y Revistas extranjet^ laS
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1 r COKFERENCIA PRIMERA GÊNESIS DE LA NUEVA ESCUELA PENAL I Senores: Los distinguidos oradores que han ocupado este sitio antes ■que 3'o, os han hablado de asuntos nada pacíficos ni tranquili zadores, siquiera fuesen muj' interesantes 5'curiosos (i); y he aqui que, á mi Vez, si á priraera vista parece que me alejo de tal dirección y propongo á la benévola atención vuestra, maté ria muj' distinta, os traigo en realidad investigaciones y pro blemas de análoga índole, y os invito á que me acompanéis para presenciar y seguir Ias peripécias de una lucha antiquísima é inacabable, los empenos, accidentes y azares de una campana á que no fiíé ajeno ningún pedazo dei planeta ni ningún momento de la historia. Me refiero, Senores, á aquella lucha tristísima que sostiene el criminal contra Ia sociedad desde los más remotos dias: lucha odiosa y cruenta para la que sirven y se empléan todas Ias armas, desde el simple esfuerzo muscular hasta el más po deroso invento de Ia industria, desde la quijada de la bestia hasta el útil perfeccionado dei obrero; lucha funesta y desapiadada en que los êxitos de la violência y de la audacia se mezclan con los triunfos de la insidia, de la traición y dei en gano, lucha deshonrosa y torpe en que no se invocan ■otras Inchas (á las veces, sin embargo, harto parecidas) los sagrados nombres de independencia, honor, libertad, derecomo en . _« (i) Los temas á que se alude fueron estos; «Luerras maritimas». «Cuestión de Oriente».— ,_r
GÊNESIS DE LA NGEVA ESCUELA PENAL 5 4 LA NUEVA CIÊNCIA PENAL cho, Dios, si no que se delatan los apetitos más groseros, Ia& pasiones más bastardas, los móviles más ruines repngnan- X tes; lucha variada y tenaz, que ahora parece de tigres, aliora ■ de serpientes, ya remeda el ciego furor de Ias fuerzas de la 1 natiiraleza, ya figura la atrabiliaria y fecunda inventiva dei I genio dei mal,— y que es, al fin y cn desdoro de los nobilísi* ■ mos timbres que atribuimos á nuestra espccie, humana y muy I humana. ■ II El delito y su idea han existido siempre, pero los delitos no han sido siempre los mismos. Desde luego comprenderéis que el acto, por ejemplo, de hacer descarrilar un tren ó de falsificar un billete de Banco, no era posible que estuviese prohibido y penado por el derecho escrito ó consuetudinario de los griegos ó de los germanos primitivos. Esto,sin embar go, no es lo más importante para el caso: lo importante y lo grave es, que acciones inocentes ó hechos que hoy considera ríamos absurdo castigar, figurasen en los códigos antiguos, }● — iqué digo antiguos?—en lej-^es y sentencias cuya tinta podríamos decir que aún no se habia secado, sancionados con penas verdaderamente terribles. Nada más elocuente para nuestro objeto que apuntar algo sobre los llamados delitos «imaginários». La hechicería, la magia, la brujería, los encantamentos, todas esas cosas que hoy hacen sonreir á un mozalvete de po ços anos, fueron asunto muy serio para nuestros antepasados. Y no se trata de antepasados rt/i/ro/o/ífís ó prehistóricos, ni siquiera de informes y rudas agrupaciones sociales, ni aun de pueblos cuya vida refiera la antigua historia; porque finaba ya el siglo XV, habíanse realizado aquellos câmbios y movimientos prestigiosos dei renacimiento, existían nacionalidades po tentes y rclativamente cultas, y es cabalmente aqui donde toman cuerpo Ias persecuciones y los procesos contra Ias dia bólicas artes á que me refiero. Y no era la masa, siempre indocta y crédula, quien únicamente acogia tales maravillas, daba importância á tales imputaciones y buscaba heróicos re médios para ponerse á salvo de fenômenos tan extrahos y terroríficos; el asentimiento y el temor eran generales; los personajes más visibles, los que pasaban por sábios, los centros de ensehanza como la alta magistratura, produjeron entonces y en los siglos posteriores, documentos, dictámenes y censuras que no sin razón excitan la curiosidad presente. Léanse la fa mosa bula de Inocencio VIII Summis desiderautes affcctibus, el célebre tratado de los inquisidores Krcemer ySprenger Mallcus Me refiero también á la acción recíproca dei adversário, á la reacción dei primeramente ofendido, á lo que viene denominándose usualmente defensa social, en Ia que, como la seve ra historia nos demuestra, tampoco faltan descarríos, excesos, imitaciones funestas de la misma acción dei criminal, apetitosdesenfrenados de concupiscencia y de venganza, refinaniientos de crueldad y abusos de fuerza, que no tocan sólo al honv ' bre salvaje, á Ias bárbaras colectividades, si no que alcanzan á pueblos orgullosos de su cultura; que no sólo se descubren como nubarrones oscuros en los horizontes de lo pasado, si no que aun entoldan, más ó menos, el cielo de Ias actuales civilizaciones y amenguan y descomponen la luz vivificante de la justicia. Porque no basta invocar este nombre augusto para , iniciar la obra necesaria de la represión, que el delincuente provoca y la sociedad exige; es preciso no olvidarlo para me dir el alcance y el efecto de esa alta y respetabilísima función que al poder público atane. Para que Io que acabo de decir no extrahase á alguno de los que me escuchan por no haberse detenido á con y para que á todos nos sirviera como preparación en el examen siderarlo» y crítica dei tema que me he propuesto desenvolver, nO seria ocioso convertir la vista atrás y contemplar el cuadro sombrio de la justicia histórica, lo que los delitos y Ias penaS fueron durante los siglos que dejamos á la espalda; pero que esto habría de suponer un relato prolijo que no cabe den tro de los limites que me he trazado, fuerza será que me contraiga á algunas singulares consideraciones que, sin distraergran cosa de lo principal, satisfagan en lo posible aquell» pretensión. nos
1 6 LA NUEVA CÍENCIA PENAL 7 GÊNESIS DE LA NUEVA ESCUELA PENAL se acusan en nuestro singular organismo en el organismo so cial; en talsentido, mejor que Ias investigaciones de Lubbock, V. gr., nos atraerían Ias noticias que el profesor Binz, al estudiar el libro de Weyer Dc prestigiis d(cmomnn ct incantaiioni' bus..,, acaba de darnos.Baste saber que era ya muy entrado el siglo XVIII, y en Inglaterra, Io mismo que en Alemania,Sui za, etc., estaban vigentes Ias leyes sobre tales delitos y ocurrieron ejecuciones de infelices acusados. Conste, después de todo, que si, como dice Du Bo}'^s,los que alcanzamos làs me sas giratórias y el espiritismo, no tenemos grandes títulos para creernos muy distantes de aquellos tiempos ni para mirarlos con soberano desprecio, esta observación podría tomar eu los momentos actuales superior alcance y acaso diversa tendencia, advirtiendo cuál se corresponde la famosa marca ãcl dinblo con ciertos fenômenos de insensibilidad local que ahora se estudían, y cuál ciinden Ias maravillas dei hipnotis mo, de la sugestión, etc., etc., entre Ias gentes que parecían más refractariás á estas matérias. Posible es que en otra ocasión volvamos sobre Ias someras indicaciones que ahora hacemos acerca de este particular. cOs hablaré, como otra muestra significativa, de los deli tos «religiosos» que ocupan no pequena parte de Ias viejas legislaciones? ^Pretenderé demostrares Ias repetidas negaciones oficiales, por así decirlo, que enel curso de los siglos recibió aquella expresiva frase de Lactancio: nihil est enini tam vohuitarium gua^ii religio, in guia si animus sacrificautis aversns cst,ja'm suhlata,jam imlla est? ^Os recordaré el proceder seguido tiempo atrás con judios y moros, herejes y relapsos? Conocedores supongo de Ia Historia, y singularmente de la histo ria nacional, pienso que puedo haceros grada de esta nueva excursión porei triste campo de los desaciertos humanos; y de ello me felicito, porque de esta suerte me libro á mi mismo de incurrir en el desagrado de unos, con exceso celosos de ciertos respectos, y en el disgusto de otros, con exceso apasionados en sus críticas. El jiiicio imparcial, tiene como la balanza un fiel, que suele contentar al menor número,siquiera satisfaga la conciencia dei que juzga y honre la justicia. Y he aqui que también cabe reproducir en lo tocante á estos delitos una reflexión semejante á la de Du Boys antes apuntada:la persecución anti-semítica ha vuelto á reproducirse en nuestros como os mahficamm,los hbros no menos citados deijcsnita Del Rio, de Juan Bodm y l^dro de Lancré; véanse Ias declaraciones de Ia Facultad de Teologia de Colonia con motivo de Ias teorias de los mqmsidores mencionados. Ias opiniones de homhres taii istmgmdos como Trithemius y Paracelso,la incinsién en el Frtn P^°hibición impuesta en ístor^r ^ adviértanse los esfuerzos que VaXn T' T ™édico Agrippa T , el jesuíta Spee, Cristhi hicieron omassio y tantos otros tamannc ^ ^ palabra para combatir efectos de inZ P^™Pa<:-6n reinante; lecuérdense los alardes tZr T eminentes como Santo Tomás de can™ á los"T particularidades toíronest " ^e Ias que yo no acertaria á daros geràsoÍrar„, ^ cobrados recofición de eáa end Ia superstos lustros asfron"”* imposible de atajar en tanmano pretendiese reZcTrk ^ Pensamiento Inifi nada menos que á d ca, y el poder social una efectividad prestase con sus cadalsos y una eficacia cru 1 elísimas á ln«; travagantes y falaces de la pública credulidad querets antecedentes aún más lejanos y de singular inmavnn [ patria. conoctrina filosóy sus hogueras i engendros exterés para nosotros sultad la obra curiosos, cuanto . ilustre monarca á la y negra, los sorque revelan Io que ya que de cubren lo que laspropias aficiones dei consigna para separará clístincio aquellos actos,p!:do Ltt '™° amados súbditos nes que que se realizasen seguridad y Ia vida de V cuva firii: desvaríos que se mdel bienestar de los individuo^s razón inversa ^xtrano que insiguiendo retrospectivamem?’"’'’ segun significamos antes rnn encontremos, güedad, porque el abolengo de estls* mayor antila aparición de la facultad i en la sus propensos á tenta dasificar . ^ cosas es muy dilatado y imaginativa es dp. Ko a es ae Jas pnmeras que^
n 9 GÊNESIS DE LA KUEVA ESCUELA PENAL S LA NUEVA CIÊNCIA PENAL antiguo eremita eir la ásganados) como de nos montaneses, apartado como pera quebrada donde apacienta un dias y en el centro mismode Europa (i), apuntando íirmacion más á la original idea, emitida por algún sociólogo naturalista, respecto á la estratificación de Ias manifestaciones criminales. Limitômonos, por nuestra parte, á reconocer que la velocídad de la luz dei progreso no corre parejas con Ia que se asigna á la luz física... Por lo que va dicho y por lo que hoy halláis en los códigos y en la vida, claro se os muestra que los delitos no han per* ' manecido inmóviles y qúe muchos de los actos así calificados en otras épocas, Iian perdido tal carácter y aliviado la tarea dolorosa una conque al poder incumbe desde el punto en que los de sus mansos deducen dei acrecentamiento Ias ma^mres exigencias que de Ias luces y dei empleo dei propio querer, agilitado en Ias diarias y múltiples atenciones de cada cual—forzoso es que . resulte un más complicado cuadro de transgresiones estimables para el legislador. Fijáos en lo que ha poco os insinuaba de algunos delitos que eran imposibles para los ciudadanos de Ias repúblicas antiguas; fijáos, de otra parte, en Ia conducta el hombre se acerca escrupulosidad creciente con que mira su instruído y laborioso, y de estos análisis parciales, ascquibles á todos, eleváos después al examen dc asuntos parecidos en el orden sociológico, y vendréis á convenir conmigo sobre la falsedad de aquella sospecha, para mí inadmisible de todo en fine, pero tampoco escapará á vuestra perspicácia que á pesar de esa segregación,la lista de los hechos punibles aumenta los ciierpos de leyes modernos comparados con los ya inexis tentes. íQuerrá esto decir que la sombra dei crimen, fiel cor tejo de Ia humanidad en su marcha,se acentua y crece á me dida que avanzamos en el camino de la civilizacióu? Tal aserto imphcat m ferminits, como diría un escolástico, pues la idea de civihzación pugna necesariamente qon el aumento dei mal- ' Hay aqiu una aparente paradoja, y es: que cuantas más m- I morahdadessereconocen, másmoralidad puede existir; cuan- J tos más delitosse ’ ' en consignan y penan todo. Hechas estas sumarias indicaciones sobre el delito, urge miradas de un modo análogo; aducir otras sobre Ias penas seré-breve, dada la notoriedad de la dcmostración que intento, aunque si hubiera de enumerar tan sólo la variedad pasmosa de los castigos ideados contra los delitos, ya mi tarea os pare cería pesada, y por más de un concepto molesta. Como la ma téria de Ias conferências sucesivas dará ocasión a otros desíirrollos dei mismo asunto, me contraeré á manifestaros aquí que es cabalmcnte el período en que la función punitiva salc de los estrechos y deficientes limites de la acción privada, aquel en que se observa la inventiva más fecunda, la crueldad más refinada, la más inconsiderada animosidad para infligir á los tenidos por culpables todo gênero de privaciones,de doiores y de tormentos. La más exaltada fantasia, concentrando dar forma á los intensos anto poder hubiera en ella para ,más exquisita y honrada puede aparecer la conciencia jurídica de de Ia vida se complica y espesa á medida anos; un pueblo. La trama que transcurren los energias nuevas pónense en ejercicio y originan institu* ciones y organismos nuevos; la actividad se espacía en igno rados horizontes; hay un fenômeno, que nos atreveriamos á lamar de esasipandad de fuerzas, cuya fecundidad sorprende; y anto de esta complicación de la existência (que advertimos en un orden limitado cuando comparamos la vida de un yan kee, V gr., mezclado en la baraimda y el tráfago de la gran meropoh americana, con lo que ociirre á uno de nuestros aldeadelirios de un odio inextiuguible, cs seguro que no llegaría á donde se llegó; y es que los pueblos iban trasmitiéndose los horrores de sus inventos, y estos horrores acrecían con lo que cada unb adjimtaba á lo anterior, bajo el propósito de una piación que aspiraba á reproducir sobre la faz de Ia tierra los sufrimieníos infernales; de una intimidación que no queria detenerse ante ningún reparo; de un terror que era preciso producir á toda costa, si es que había de darse el mal por extin guido, por satisfecho el poder, por agotada la venganza, y el miedo por huido. Los únicos confines en que esta reacción se cu exr/rt;i;í^'p?ed^dospeít?r M Drumont sobre La FríU/' hechos tan lanientables como los ocurrirbS^Í de prodiic que con el famoso edicto AJemama y Rusia. La nacion seguida raza, no ha de dar oidos aítrritndPA^^ Ia-, ejnancipaciòn dela pe>' siouado escritor acaba de lanzar al esterrmuio y despojo que el apa lesherbes,no ha de ser deSo por?o d ' democrática. Por de pronto ntmiíKr^ ● de una repubfic* tivò al mismo asunto^ Ueva’ Lémann, reladistintos. opimon sentimientos y esperanzas harto ir
● w ** II GÉXESIS DE LA KUEVA ESCUELA PENAL en época reciente á borrar con mano convulsa de sus Códigos tan tremendos dictados, abrió una válvula á los niievos sentimientos que iban abriéndose camino perezosamente en la opinión, estableciendo excepciones como la dei célebre privilegh clerical QXi Inglaterra, ó dando existência al arbítrio judicial, según ocurrió en nuestra Espana hasta llegar al presente siglo. La barbarie dei siglo xm y la arbitrariedad dei xviii, es,, como escribe Pacheco,Io que encontramos aqui al iniciarse la época contemporânea. Rápida y radical fué la reforma: los ojos que se dilataron un momento ante aquellas espesas sombras, se deslumbran liericlos por el fulgor que surge como de improviso; fulgor de ciência, de humanidad y de consuelo, que*reclama nuestra atención con atractivo irresistible. IO LA NUEVA CIÊNCIA PENAL detenia pesarosa,no estaban trazados por Ia volimtad dei liombre, sino por la fatahdad de Ias cosas: los médios materiales disponibles á aquel efecto tienen su máximum de resistência. \a supondreis,sehores, que Ia pena de muerte, por ser la mayor se prodigaba en Ias viejas legislaciones con una pródi ga idad feroz; pero por esto mismo, y porque no era dable que se desconociese la relativa importância de los delitos,fué menester exacerbaria, producirla en todas Ias formas, con todos los preliminares posibles, con cuantos aditamentos, prolongay detalles cupiesen. Hacer rodar la cabeza dei delincuente bajo el golpe dei hacha. estrangularle con la cuerda. despenarle en el abismo, sepultarle en el fondo de Ias aguas, achicharrarle en la hoguera... es poco en ciertos casos: hácese premso clavarle o atarle á la cruz, mortificarle allí y dejarle de sus mT”T ^^”^‘^^bros, arrancar pedazos ent el e , ■ f" í -tes de trenXdl T 1f ^ sns martirios; atar sus exen contraria carrera le despedacen; colocarle le oprime y le dobla, y hace cnijir sus luiesos, Jidos, y destroza sus vísceras, i al montón informe sii número; el organismo íiene ciones en la rueda queyamasasuste- , jiLiprimiendo vertiginoso giro III Bajo la le}' de la necesidad, que carece de adoptando procedimientos empíricos y de circunstancias, llevando al te rreno de la penalidad, ya que no el capricho y la tirania de ciegos instintos, un critério impropio y viciado,Ias sociedades antiguas persiguieron el delito y aplicaron el castigo dei modo que revelan Ias noticias que acabo de poner á vuestra vista. Tratábase de un avie—si me permitis dar á esta palabra un sentido que no es el genuíno—que carecia de fundamento só lido y estable, porque la ciência penal no se habia formado aún, y no estaba llamada á definirse y formularse hasta nuestros dias. Esta tardanza, que extraha tanto más cuanto mayor im portância envuelven los fenômenos que estudia y mayor antigüedad les atribuye la historia, comparados con otros que an tes sirvieron de preferente objeto á la incesante labor dei pensamiento humano, ha tratado de explicarse por los mismos penalistas. Así nuestro Pacheco vió la causa principal que detuvo este progreso científico, en el socialismo de Ias repúbli cas clásicas, donde el indivíduo era absorbido por la colectidad, donde su libertad sólo se consideraba como produeto de la organización dei Estado, donde sus derechos naturales preciso que el condenado vaya ““f con ridículos adornos nue penetran Ii c ? adornado peando el suelo con su cabeza,6 ag iMarpor? s V enroieciflnc ‘*bi"jaüo por ferradas puntas reun ?as fsn ^ de Ias gentes su paso; hacese preciso que después de muerto se se clave su cabe/a'^LT-f'"^K^"^ '"mundos animales, se aventen sus cenLai, se ° hogar, se persitra -í qm *■ rnemoria, se arrase su tigma y privándoles dei patriniÓnfo™'"”'''’’''" Si la pintura os parece reo d ã ser mi palabra menos fria y reSe^o pareciera cuada y completa de esa perspectivl ao noso yo como vosotros de salir de disenada; miserables pasiones y sanguinoso. Y le descuarti es- , - y ganrpn 1 a caldeada por por Ta ‘l“'=Pdos, de sangre y de láPor haceros notar que la misnia sLiedad ■eus creaciones, y sin atreverse todavia grimas, acabaré hubo de espantarse de
1 12 13 LA NUEVA CIÊNCIA PENAL GÊNESIS DE LA NUEVA ESCUELA PENAL eran desconocidos,sus hazanas y glorias sumadas como anô nimo coeficiente á era ei dei hombre. la gloria total de la ciudad, y su valor no sino nicramente el dei ciudadano A todo lo dicho, y á lo que habría de anadir si prolijamenestudiásemos el papel que respectivamente desempenaron el mundo unos pueblos y otros, por virtud de su peculiar vocacíón y destino, hay que agregar todavia que la ciência efectiva formación el concurso de va¬ te en penal requiere para . . Si esto es cierto y si !a ciência penal supone laafirmación dei propio valer personal, y sólo donde la persona obtiene la ción de cuanto consagrasu naturaleza reivindica tras de riados adelantos, ya en ciências afines, como la Ética, el Derecho público, etc., ya en ciências auxiliares, tales como Ias médicas, que á su vez piden el auxilio de otras naturales; y por razón de esta complejidad y en virtud de evidente ley bio lógica, claro es que nuèstra ciência debía llegar con relativo retraso, según nos lo corroboran Ias tendências que actualmente se marcan por efecto de progresos y descubrimientos operados en aquellas esferas dei conocimiento. Sin embargo, y aun dadas tantas dificultades en la progresión científica, nadie ha pretendido negar que la revolución senalada sobre esta matéria desde el siglo pasado tuviera tecedentes y preparación, y que los grandes pensadores,filó sofos y moralistas, dejasen de parar mientes sobre tan árduas y salientes cuestiones; pero de esto, de que en Ias obras que nos legó la antigüedad se descubran, como piedras preciosas entre oscura ganga, destellos brillantes reveladores de la intuición dei gênio, á que,según se ha pretendido por algún tusiasta defensor de la escuela correccionalista,ansioso de bus car á su idea remota genealogia,se afirme que ya el divino Platón dejara formulada íntegramente la simpática teoria, hay una distancia grande.—Prescindiendo de la ciência oriental, aun de la misma filosofia zenda tan digna de examen y estima, y de la sabiduría que anima en mucha parte la legislación penal heRené Rolland en estos últimos su anenbrea prolongados es de esperar que alcancen atención y favor los graves problemas de la criminalidad —obvio es que no podia encontrarse en el orden dei pensamiento nada digno de verdadera estima basla llegar á Ias sociedades modernas, que, saeudidas por la Reforma, inspiradas por el espíritii de libre exalista’nf“‘"°vf“,'’“‘' individuamente d rô ' mente de romper con Ias viejas doctri do nuevo de princípios y prácticas penales. en es”ol“nV P-te de verdad hay <ie los pueblos antiguos y en la indo etlaVr go refinéndome. " l-a- ciência á que vendo por la socíedad evidente esfuerzos. nas y crear todo un mim- ^ dice Haus, ejercique no ne,s ^ junsconsiiltos tan ptes.. oporiu;r;e^"‘Tn:eiTj:’^7™‘° ^ los míseros é ignorantes, los más in^ ™Pl‘uda con otras: excesos de la facultad punitiva, no est2\ "" sena y abyección capacitados — «El derecho de para lograrlo; á los hombres aparecen ante el poder público, á a y porei mando, faltábales y 6 egoísmo naturales en el un poderoso obstáculo; y si á esto consecuencias queel privilegio un - indiferencia constituirían atropellos de los privilegiados ^ desafueros y ias con agrega que el régimen dejaba se sin sideraciones. Piénspsí^* punto el valor de esacostumbrados al ejercicio de á puéblos rudos, g^uerra y al despojo, el exceso v I avezados á la penahdad. no habrían de aparecer7r‘‘'^‘" “den de la necesariamente hubieron Hp ^ ^stimables y odiosos dernas, redimidas por Una7u.i/n"r^“^' naciLes mc progresos intelectuales''^’''^^'^-^ favorecidas y Econômicos. honrados ó los favorecidos por la fortun mteres directo; la i niayor número que como tales como por toda clase de' ,justamente ensalzada por anos,justo es reconocer que aquel insigne discípulo de Sócra tes, en algunos de sus diálogos y en su tratado de \a.s Leyes, Aristóteles en su Moral ã Nicomaco y en otros lugares de sus obras, Demóstenes, Plutarco, la gran escuela estóica,lo mismo que Cicerón, Séneca, Aulo Gelio, el jurisconsulto Paula y otros varones eminentes de la Roma pagana, se elevaron a doctrinas, máximas y sentencias que el penalista acoge con satisfacción profunda, como memorables conquistas en el or den de la inteligência, siquiera se vea forzado á reconocer su escasa virtualidad para trascender al derecho y á la vida, su falta de conexión.con ideas y princípios sustentados al par de
1 i 15 GÉSESIS DE LA NÜEVA ESCUELA P^XAL Í4 LA XüEVA CIÊNCIA PENAL Sanz,Gómez y Covarrubias, no aciertan á abandonar el sen tido de Ias viejas leyes, á salir de xina casuística mezquina, plagada de sutilezas, cuando no fundan su principal gloria haber pronunciado vcinte mil condenas capitales, según paladinamente declara cl citado Benito Carpzovio. Tampoco negaré yo que los laboriosos Icgistas, acaso los espanoles en primcr término, dejasen de vislumbrar á la vez verdades superiores y de emitir discretos juiciossobre particu lares asuntos; pero fué preciso que en Ias altas regiones dei pensamiento los más fundamentales problemas se agitasen á impulso de encontradas y vigorosas corrientes; que se citaran ante el tribunal de la razón y de la crítica Ias doctrinas anejas y Ias instituciones históricas; que se preparara do de Ias ideas una radical renovación, que habría de obtener después en el terreno de los hechos correspondência y reso* nancia harto notorias, para que la ciência penal surgiese á semejanza de la Minerva clásica, menos provista, al pronto, de materiales para edificar lo apetecido, que de armas seguras y certeras para dar en el polvo con lo ya desacreditado y ca duco. en así en el mimcilas, y su relativa insignificância para considerarias de otro modo que como dispersos elementos de una construcción cien tifica, solo posible en un lejano porvenir. La Hlosofía cristiana, analizada de esta siierte gana asmnsmo nuevas y más gallardas çion y trascendencia, cosa nada extrana si lor y en la fecundidad gusta religión en , nos otormuestras de su eleva- - SI pensamos enel va que denotan Ias ensenanzas de la auque se inspira, religión de fraternídad v esperanza que por boca de su divino Maestro dijo al mundo: noio mor e,n peceatoris. sed convertatnr et vh at . "reed -De bbe?o a;b°trir"D la célebre.Summa’.’ Ll“Angel'dJfas"r"'‘r‘‘"”' para citar al^o ■ - Escuelas; consultad — preciado libro^de AiLso^drcVs^oTDe poTs^Me afirma7ones!trdL::“7:ire"™° '■■-ade.apena.idadLsarf;,7r;-;r::,:: de y grata para los hombres y p La filosofia de los dos últimos siglos, personificada en In glaterra, Irlanda, Alemania, Holanda y Francia respectiva mente por Bacon , Hobbes, Locke, Newton, Berkele3S Puffendorf, Leibnitz, \\'olf, Grocio, Espínosa, Descartes, Malebranche, etc.; después, este inismo cultivo de Ias que suelen denominarèc ciências morales }’■ políticas, por D’Alembert, Diderot, Condillac, Montesquieu, Voltairc, Rousseau bían preparado elementos sobrados é influído grandemente en Ias inteligências para que fuera hacedero que un hombre de dotes singulares sin duda, aunque más oportuno cn que sabio, lanzase al público un libro de êxito asombroso y de perdurable fama. Observa De Maistre que la reputacióii de los libros suele depender mucho menos de su mérito intrín seco que dei concurso dc ciertas circunstancias; y sin que yo pretenda negar el positivo valor queencierra, bien piiedo asegiirar que en el efecto causado por el libro á que aludo, entraron por mucho Ias circunstancias en que vió la luz, el me dio en que cayó y al que había de adaptarse incontinenti; pues, si me es lícito usar una humilde metáfora , la ciência an terior y la dei momento, tenía tan á maravilla dispuesta la ani- —hasu obra Pero ni el Cristiani ara Dios, . -y completo trastorno inmehstas semejantes á los citado^í o ^ ^lósofos y moradesde Ias alturas dcl poder vá T intentarlo das que Ias sociedaderopT.íe.anTa que dio después eso que se llama / a *'^®P^’cstas continuadas de Paulo .na,-ua consT . ^ aquel dicho >a máxima'de obtuvierorT dam diato -11 ar inum»,üá impunitum relinqui facinus son análogas á Ias que "noli vinci à maio, sed e» in bon Pablo m bono malumi v los ri.v* ^ «non est enim justum i>^ i^oestro Alfonso de -sed pccna sitsel.,! ^Iteri tra peccatapuniensfacit, nuà Deus u —'Iranscurrieroii lustros v condignum». t s pu- . nosrabajos de los legistas que ° los farraginosos Danhouder;enMilán,comoiu7o?T rmac.o; en Alemania, como Camz ’ “ TaAnton Mattel; en Nápoles, como r ●' como como De la Combe y Jon.^e; en EsoT" XI d vince Castro niatur, » R como Mathcii y
w ● GÊNESIS DE LA NUEVA ESCÜELA PENAL pena tenida por inexcusable y sin limitaciones prodigada, la pena de muerte. lY qué venía, senores, en pos de esto? Venía el final memorable y trágico dei siglo xviii, la revolución dei 89, con sus anhelos sublimes y sus insensatos delirios, con su lógica inflexible y sus contradicciones absurdas, con sus resplandores celestes y sus llamaradas infernales. No tengo yo necesidad de detenerme á estudiarla ni de tomar puesto entre sus detractores incondicionales ó entre los que, también sin condiciones ni reservas, la cantan y celebran, siquiera los recientes escri tos de Taine hayan echado un gran jarro de agua fria sobre estos hervores de entusiasmo; basta para mi objeto apuntar que en los códigos revolucionários encarnaron los principios que conquistaran la opinión; que esos códigos como aquella gigan tesca sacudida, trascendieron á todo el continente; 3' que,por lo que toca singularmente á la ciência penal, cierran el si glo xviii los nombres de cuatro criminalistas insignes: Pastoret Francia, Romagnosi en Italia, Bentham en Inglaterra y Füerbach en Alemania. Así como he omitido en esta rápida resena otros nombres, tales como los de Pagano y Filangieri, Eden y Blackstone, Lardizábal y Acebedo,Servant y Letrosne, Sonnenfelds, Globig, Grosman y Kant, nombres que no podrían omitirse ni serían los únicos que figurasen en un estúdio de diversa índo le, así me conside.raré relevado de daros detallada cuenta dei modo con que nuestro siglo aprovechó la herencia dei anterior y la aumentó con esfuerzos y elementos propios, merecedores de grandes alabanzas. La reacción que hubo de seguir á la invasión revolucionaria, la Santa Alianza con todos sus peca dos, la magistratura con todas sus prevenciones, ciertas clases con toda su indiferencia, Ias guerras y la política con todas sus contrariedades y absorciones, no fueron parte á impedir que prosiguiese la empezada labor impuesta por un cúmulo de circunstancias mucho más poderosas,ineluctables. Conviene á mi propósito circunscribir á un determinado movimiento mis consideraciones para poner en él de resalto Ias tendências contemporâneas; y en tal concepto, deseo que fijéis vuestra dócil y benévola atención en el problema carcelario, ya iniciado en los postreros anos dei siglo precedente y tema predilecto dei en que nos ha tocado nacer y vivir. 17 en 16 LA NUEVA CIÊNCIA PENAL plia bóveda en que iban á vibrar los acentos de la protesta y de la reforma, que ni una sola nota debía perderse ni dejar deproducir prolongados ecos en parte alguna. Ya supondréis que me refiero al libro de Beccaria Dei âc- (i764).contradictoriamentejuzgado anos atrás y colocado,á nn ver, en adecuado puesto hoy,tras de Ias crí ticas emitidas por Mittermaier, Glasser, Cantú y Faiistin Hèiie. La voz dei generoso milanés fué el toque de llaniada que puso en pie al ya apercibido ejército y le hizo fijar los ojos en elpimto mas vulnerable dei sombrio coloso que vacilaba so bre sus pies de barro; en aquella voz se habían juntado los ecos dispersos en Ias obras de los filósofos y moralistas, que solo de soslayo y con ocasión de otros asuntos trataran los convir fn ^ ““ncentra y fija en un punto único, y ml ri en fuego irresistible que destruye y purifica. Numerosas ediciones dei libro se suceden; tradúcese bre dei autor en un principio anônimo, pronto á veintidos idiomas;el nom- ' tiempo V Dorlllnl'''”'^ eminentes de aqucl | temerosos defenLres dei anti "“Pf ° mteresados o ttas de u c,tima::::r::i::ii char con entusiasino por la abierta vb dos a la tarea demoledor empiezan á marvía; los escritos consagra- - tiempo, se repiten revolucionários como Bris- ,r orv ^ y oreadora á un ^ P^°P^ean;los temperamentos sot de ^\arviIle, Marat primeras armas - Ias Academias, los Robespierre y otros más, hacen sus campo abierto á todas Ias iniciativas; centros de cultura, ofrecen que acudan á los certámenes que convosur â desde V lli;. teforma á Ias alligo,con la marca,la en este prêmios y rC' compensas para los can, desde Moscou Utrech á Chalons emulación nobilísi turas dei poder el Grande de mayores alieis* dei Códi' na queen 1786 destier confiscación ra y la infamia, 13- ,el íorment
GENESIS DE LA NUEVA ESCUELA PENAL ciados, poco nos dicen todavia en favor de la severa justicia, y menos aún en favor de la humanidad.Oid en el siglo xvi Ias voces elocuentes de los Guevara, Sandoval y Cerdán de Ta* liada; leed libros cõmo el de Cristóbal de Chaves Rdacwn ãe la cãrcel ãc Scvilhy ó el de Suárez de Figueroa El pasajero, y formaréis una idea aproximada de lo que eran aquellos lugares de encierro, de depravación y de horror, que constituían así 3’- todo la parte benigna y blanda de la Némesis coetánea. La significación que tuvo Beccaria al levantarse contra el derecho penal tradicional, según ya vimos,viene á reclamaria trece anos más tarde en lo tocante á la cuestión carcelaria el inglês Howard:era lo uno consecuencia de lo otro. Howard visito Ias prisiones de su patria y Ias extranjeras, sintió asco y vergüenza al contemplar su lastimoso estado, y alzó su voz para pedir prontos 3’- eficaces remedios. Este clamor, que debía de ser acogido por el pronto con mayor eficacia más allá de los mares, en la joven América, y que hábía de robuste* cerse y fructificar á seguida en Europa, tampoco carecia de antecedentes, que honran por cierto en primer término á la Iglesia de Cristo, á Ias instituciones catójicas. La reclusión considerada como pena—ya fué indicado—cuenta este origen; Rõeder cita á los benedictinos de Achen,en lejana fecha, que conocían el arresto celular combinado con el trabajo y con el paseo al aire libre; el misino Howard se detiene sorprendido ante el hospital de San Miguel de Roma,fundado á principios de su siglo por Clemente XI,anticipándose muchos lustros al sistema de Auburn, y lee con delectación singular la inscripción esculpida allí: Pariim est cocrccre iinprobos, 7iisi pyohos efficias ■disciplina; los actos sublimes de caridad que practican y predican San Vicente de Paul, San Carlos Borromeo, el elocuente Bourdaloue y Ias asociaciones y hermandades piadosas de que hay clara noticia, escritos están en caracteres indelebles en la historia de los siglos xvi y xvii. También los filantropos dei parecen alguna vez interesados por la suerte de los míseros humanos que sufren Ias justas consecuencias de su delito en el seno tenebroso de Ias cárceles; pero si leemos lo que á este asunto dedica Voltaire, el enérgico defensor de la inocência perseguida, el rudo martillo que golpea sobre los inícuos procedimientos de su tiempo, apenas le veremos elevarse de una inoportuna jovialidad ó de una ingeniosaextravagancia, cuan19 XVIII 18 LA NUEVA CIÊNCIA PENAL Afírmase de ordinário que la pena de prisión, la que es ho}' principalísima, era casi totalmente desconocida en lo antiguo 3' de escasa importância en tiempos ya menos apartados. Si leeis, por ejemplo, la Política que el licenciado espanol Castillo de Bovadilla escribió hace poco más de una centúria, advertiréis el empeno con que busca antecedentes remotos, diciendo que Ias cárceles existen á partir desde aquel solemne instante en que Dios encerro en los abismos dei infiermo á los ángeles rebeldes, y que este caracter tiene también el limbo en que permanecieron los justos hasta la redención; cítanos después los pueblos que. según la liistoria, tuvieron cárceles y calabo* ZOS, en cuyo número debe figurar Roma con su nombrada pósion Mamertma y su Tullmmim, descrito por Saliistio, y á conmuacion nos habla de Ias opiniones emitidas sobre si la cárce! lios ref' ° "‘“Plemente de custodia para aquean W entre otros. los dice ue/o ' “ Bartolo y Alciato. El escritor nos Í rp na 1 =1- -eó la cárcel LiLe Ll i e castigaban con Ia ejecuta^da de estróÍe"u otr^m^^'' ción los azntPQ 1 ^ nianera, el destierro, la mutila usadas" ^ corporales, eran ritu dominante en l-i’ V admitidas dado el esp'- blos. La privación de^n''' f ^ situación social de los puO' se sometía v gr ál ' ° ™®ro preliminar á qo® ^ana ser ‘ “"denados al ^ , que bajaban V ° =dlo se imponía p°‘' nues^rosr n-'’ P°dían satisfacer co." sados. Que ereTsigrxvr" anos con el irrisorio título dp r lo que á Espana se refierp de corrección»; que penas de libertad, ) consigna que la cárcel con los presidios africano ’ <^esde el siglo siguicut u sando á la condición de en’ ^“^-ados galeotes van cambio; que la Inquisicirt “ perdiendo con “ o manteneren custodia á los acU rras, hechos son bien rrm"' tcajo sus terroríficas niazo’'^ conocdos, y de ser á la vez bieir ap^^' Tnlliannm delitos leves dinero. En r e ' tenenios ya establecimieiitos carcC' po*'
1 GÊNESIS DE LA NUEVA ESCUELA PENAL vadores elementos que ha producido y confirmado la pura teo ria. Así, y en un período breve, hemos visto cambiado el as pecto que nos ofrecía la justicia histórica; y aunque sea exac to que rinèn todavia porfiada lucha escuelas contra escuelas; ●que ha}' mucho que permanece en estado de controvérsia y de crítica; que nos hallamos muy distantes de la meta codiciada, no lo es menos que la concordia está realizada en una gran parte, y que un común espíritu flota sobre Ias aguas agitadas de aquella lucha, é insufla y vivifica todas Ias reformas adoptadas en Ias leyes penales modernas. A la hora presente, Ias naciones cultas han borrado de sus códigos los delitos que no hallan su fundamento en la naturaleza-intrínseca dei acto y los han sometido á una ordenación reflexiva más ó menos acertada; han eliminado ó reducido -grándemente Ias penas capitales, convertido en puramente nominales Ias perpetuas, suprimido Ias infamantes y Ias trascendentes, y sometido Ias que existen al elevado principio de que no constituyaii un atentado al derecho ó un valladar in- ●superable para el ^cumplimiento dei destino humano; han re negado dei tormento, que dejó en la historia largo surco de ho rrores, de Ias presunciones legales y de otros critérios absur dos para'descubrir el delito, y elegido Ias pruebas racionales y la convicción moral como base dei veredicto; han traído al juicio la publicidad y Ia oralidad en la mayor medida posible, apartándose dei caliginoso ambiente que rodeaba antes los procesos; han llamado al pueblo y sentado su soberania en el si tiai augusto dei juzgador; hánse cuidado dei destino dei reo después de la sentencia, y construído cárceles propias para guardar al hombre, no á Ias alimanas más fieras é inmundas, y creado asilos para los infelices en quienes la luz divina de la razón quedó perturbada ó extinta, para la infancia abandona da, para la juventud precozmente corrompida jBello espectáculo! diréis; jtransfiguración portentosa que bastaria á la gloria de nuestro siglo, haciendó olvidar en lo futuro sus errores y sus caídas!—Pero he aqui que todas es tas conquistas son hijas legítimas de un principio superior que, de ser oscurecido ó postergado. Ias llevará consigo el día en que se decrete su ausência dei mundo: es el principio espiri tualista que ve en el hombre un alma inmortal, en un derecho eterno, en el cielo un Dios que es amor; y he aqui 21 la sociedad 20 LA NUEVA CIÊNCIA PENAL do propone, v. gr., que á un célebre capitán de bandoleros^ . bravo hasta el heroísmo, se le envie al Canadá al frente de un batallón para combatir contra los ingleses, ó sificador habilísimo en el manejo dei buril, para Ias tareas de la fabricacióp de moneda.’ Estaba reservado al siglo xix sacar de los limites de una protesta viril, de una virtud singular y esforzada, de una extravagancia. filantrópica, el pensamiento hermoso y fecundode seguir al criminal después dei castigo, de procurar su mejoramiento moral para redimirle y volverle á la vida comúnhbre de lastorpezas de sus pasiones, delas inmundicias de susyerros: este pensamiento, que debía ser escrito en Ias legislaciones como un deber social y evidenciado en empresas aquellas que ya es honor insigne acometer. Los trabajos de ivmgston, Julms, Mittermaier, Ducpetiaux, Aubanel, Mar que Vasselot, Lucas, Beaumont, Tocqueville, Crawford, Suydel dia unsolo nombre ilustre-dona Concepción Arenabtestimomos son magníficos de la cristiana y civilizadora cru zada emprendida en favor de la humanidad Desde mediados de la fal- o que a un se le aproveche de y dei derecho. - , presente centúria, otro hecho se prelos Congresos pemtencanos, cuya zmportancia y cuya inguencia nadie ha fort3i8afi" ' ® <=1 Primero en Francel de Bruselas, en 185/ Francfort, en 1872 el de Londres d6n cun;;Hda y sJaHe'nta?f'" varias naLne que Hev^ al ®"’P'«"didas en las sentan nuevos pUornutosi;:^:T:rrp’le^rtrn en los diferentes Estados. ® ® ^ propagar y difundiA medio de tan i 878 el en I cre- -«“■■■■ r 1.. ceden su puesto á otros t? j f^graaos por ei de continuo prudente ycircunspecL^^o^Kn^^arfin la puerta de los codigos para que penetren en eSoflos inuo-
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